ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN 2 agosto, 2024 a las 10:36
Esta vez cambiamos formato y, en vez de entrevista, hemos decidido publicar un relato viajero escrito por una mujer que se inicia en el mundo del «solo travel», tal y como ella se define. Vamos a conocerla un poquito más y leer sus palabras y pensamientos. ¡Gracias por compartirlo con nosotr@s!
¿Quién es Pilar?
Mi nombre es Pilar y soy una leonesa afincada en Madrid. Comencé a viajar a raíz de mudarme a Madrid con antiguas compañeras de trabajo que tenía en León y ese primer viaje a Estambul despertó muchas ganas de seguir haciéndolo con amigos y algunas veces de pocos días sola, hasta este viaje más largo de 2’5 meses por América Latina.
Relato viajero
Hacía unas horas que el avión había aterrizado, pero quien no lo había hecho todavía era mi cabeza; en ocasiones la sentía vacía como si no hubiera nada y en otras atiborrada de muchas cosas.
Había llegado a Bogotá después de un vuelo tranquilo y sin sobresaltos y el taxista que me enviaba al hotel era mi primer contacto con los bogotanos. Me recogió en un taxi amarillo que me pareció bastante reglamentario a juzgar por la cantidad de ellos que había del mismo tipo en el gremio. De repente, me había teletransportado del invierno del hemisferio norte al estío del sur. Mientras nos dirigíamos al hotel pude observar esas carreteras vívidas llenas de puestos ambulantes, de fruta, de chocolatinas, de jugos, abarrotadas de coches encontrando su propio orden. Intentaba poner en orden mi pelo pero la corriente de aire que venía de las cuatro ventanillas bajadas me lo hacía imposible. Carlos, que así se llamaba el conductor, me preguntaba por mi procedencia, los detalles del viaje, mientras que iba haciendo referencias a elementos a ambos lados del camino que podían ser de mi interés como turista: que si el cerro de Monserrate, que si la casa de Simón Bolívar, que el barrio de la Candelaria, que si la chicha, …
Dejando la calle principal la disposición de las casas cambió radicalmente y, si bien mantenía un cierto orden de cuadrícula, las cuestas comenzaban a enseñar a trozos casas con mucho color y luz. Cada una parecía querer atraer más la atención que la vecina: azules, amarillos, verdes, rojos, todos ellos con una gran vivacidad.
En ese momento que había parado a tomar un café y comenzaba a escribir este relato así es como notaba mi cabeza y los recuerdos que me venían, con mucha nostalgia por las personas y el país dejados atrás hace tan sólo unas horas. ¿Por qué he decidido hacer este viaje? ¿Por qué sola? ¿Cómo voy a poder soportar estos momentos así? ¿En qué momento me pareció que podía ser buena idea? Estaba muy contenta y agradecida de todos los mensajes que había recibido de tantas personas que se habían acordado que ese cuatro de enero era un punto rojo en mi calendario, un día importante, el inicio de mi “solo travel”.
Pocas horas después todo ese sentimiento se había disipado. Llámalo mal de altura, llámalo cansancio, llámalo morriña, pero se había ido. Comencé a entender que nostalgia a veces puede ser sinónimo de oportunidad y ésa era la mía. Por delante tenía más de dos meses para conocer lugares, culturas, comidas, animales, historias nuevas e interesantes y esa soledad, que tanto maldecía ese primer día, sería también la mejor situación de partida para iniciar conversaciones con otras personas, a veces incluso, conmigo misma.
Ahí comencé un viaje que no sólo me ha encantado, sino que creo y confío en que ha supuesto un nuevo impulso para realizar esos cambios en el prisma con el que habitualmente miro en mi vida en Madrid.







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